La literatura no existe

En cuanto a lo práctico de la literatura, hay que afirmar que: esta no existe. ¿Para qué sirve entonces esta nomenclatura que tras años se ha empeñado en acuñarse a las humanidades? Aún más, ¿si no sirvió anteriormente, de qué sirve en estos tiempos? Han hablado los más poéticos escritores sobre la salvación a través de la literatura, los más objetivos críticos -desde los formalistas- de la creación o estructuración del efecto estético del texto a través del lenguaje y de su transgresión a la norma. Y aún si nos empeñamos en acercarnos a esta última afirmación se estaría reduciendo a la literatura a una serie de articulaciones gramaticales sin contenido (los formalistas, principalmente lingüistas estudiaban la literatura desde esta ciencia). El problema de definir siempre ha implicado un riesgo inmenso, sin embargo, es menester hacer un “acercamiento” (como se ha denominado a la “definición” por miedo al rechazo de ideas) de los conceptos para, sobre esa base, trabajarlos.12884583_10209183423133117_996129404_n

En la actualidad “literatura” está definida por el gusto. El concepto está reducido a la subjetividad del lector que considera las obras con base en el placer que le ha causado. Pareciera que esto es lo que ha definido siempre al vejado concepto y que con el pasar del tiempo nuevas definiciones se han transmutado. Entonces el concepto está ajustado a una definición hueca y convencional que va desde lo micro a lo macro, es decir, desde el individuo a la sociedad. Sin embargo, cualquiera fuese la definición micro o macro de esta, eso no responde la pregunta sobre su utilidad. Las sociedades que giran alrededor de un centro para oponerse y diferenciarse de un “algo” concreto necesitan de aportes útiles para crear el carácter heterogéneo de ellas. La literatura no participa de esto. Solo construye un carácter de reseña no pragmática.

En una sociedad venezolana tan caótica, la literatura solo ha de servir como escape, negación. Funciones que son completamente inutiles para el desarrollo pedagógico de una sociedad. También habrá de servir de loa y alabanza, cosas que como las anteriores no sirven para nada.  De tal manera que la definición hueca devenida de lo cómodos que se sienten algunos con el texto, nos refleja una literatura que engloba trabajos textuales puramente formales, de trabajo de la lengua, un trabajo enfocado en una función emotiva jackobsoniana. No importa si el tema tratado es inaudito, si la forma es perfecta, “literatura” lo hará la convención. Pues aunque un texto haya nacido para ser tal cosa, muchas veces termina, por la convención, siendo un folletín más.

Concordemos entonces que la literatura es todo texto que sirve para crear un placer por el puro hecho de crear placer. Es un hecho erótico. El erotismo se desvía de la reproducción y la literatura se disloca y desvía de su principal objetivo: ser útil. La existencia de la literatura como hecho útil está en veremos, pues como mencionamos anteriormente, hay quienes afirman, con todo el sentimentalismo del mundo, que sirve como reflejo de las emociones, vivencias y cosmovisiones del individuo. Sin embargo, esto no le imprime un carácter de utilidad, sigue por tanto siendo inútil para una sociedad activa. De tal manera que si con cautela observamos: la literatura trata de mezclarse a este mundo caótico por el que transcurre su no-existencia, su presencia sin esencia; he allí la necesidad de volverse cada vez más micro, no hay tiempo para perder fijándose en extensos tratados por placer, como el sexo en los japoneses, el acto del placer se reduce a cuestión de escasos minutos, un polvo de gallo, un rapidín.

Por otra parte, si tomamos en cuenta una definición formalista de ella, veremos pues, que tampoco comporta algo de gran utilidad. ¿Para qué sirve la dislocación del lenguaje cotidiano, lenguaje que por sí mismo también puede ser literario? Y además, no conforme con ello habría que definir qué es lenguaje cotidiano. Porque no todos manejan el mismo registro del habla. Concordemos pues que la literatura “es un hecho erótico” como mencionamos antes.

He tratado en pocos párrafos de hacer una reflexión un poco tosca del concepto que nos embarga y sigo sin contestar las preguntas primeras. Sin embargo, el problema que nos acaece no es algo sencillo de dilucidar, pero se puede afirmar, con tajante crítica, sin basamentos (en otro articulo hablaré de la reflexión y argumentación sin autoridades) que la literatura ad initium et per se es todo texto capaz de crear y recrear un efecto estético a través de la transgresión de la cotidianidad lingüística y que además sean considerados “bien escritos”. Funciona como categoría englobante de todos aquellos textos capaces de trascender lo micro y volverse macro, es decir, ir del individuo a la sociedad como explicación de la explotación imaginaria. Con respecto a lo práctico, realmente carece de ello: he aquí su inexistencia. ¿Cómo catalogar de existente algo que no es práctico en lo tangible? Quizá sea muy bíblico dicho cuestionamiento, pero resulta interesante observar lo que trabajamos desde su carácter de funcionalidad real en la sociedad moderna. La literatura no sirve para nada y estamos trabajando sobre una base de arena sin escayolar y brisa de espejismo. ¿Cuándo se ha visto que la literatura responda a problemas reales? Quizá porque no le interese hacerlo (para eso está la ingeniería y ciencias duras) Esto podría contestar el porqué Japón decide abolir las humanidades. Sea cual sea, la función de la literatura y lo que “es” en sí misma, será aun problemas que acaecerán sobre los eruditos y aquellos quienes reflexionen su campo de desarrollo, como nosotros.

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