La mística del escritor

La mística del escritor

Si lees nuestro blog hace tiempo (¡gracias!) ya nos habrás oído hablar de la mística del escritor. Es la forma en que en Sinjania hemos dado en llamar a esas ideas preconcebidas que la gente (incluidos los propios escritores) tiene sobre qué es ser un escritor, cuáles son los problemas a los que se enfrenta para concebir sus obras e incluso cuál es su actitud vital.

La mística del escritor habla de inspiración, de talento, de la musa esquiva. Habla del genio huraño aislado en su torre de marfil. Habla de personas con dificultades financieras e incluso de problemas con el alcohol y las drogas… Si te paras a pensarlo, la mayoría de esas ideas son clichés (como escritor deberías saber reconocer un cliché) y lo cierto es que no tienes que ceñirte a ninguna de ellas.

Lo malo, como hemos podido comprobar tras más de una década trabajando con autores, es que los escritores creéis en esa mística. Aceptáis sin cuestionarlo el cliché y tratáis de encajar en él, como si entrar en el molde fuera lo que os hubiera de dar el marchamo de escritor (no vaya a ser que se descubra que eres un impostor). De manera que os entregáis con complacencia a determinadas ideas sin deteneros a pensar que pueden estar minando tanto vuestra obra como vuestra carrera.

Ha llegado el momento de romper con la mística del escritor. Por eso hoy repasaremos algunos de sus mitos, para demostrarte que no hay motivo real para cumplir con esos extraños requisitos en los que los escritores queréis creer.

Mito 1: el talento

Para escribir hay que tener talento. ¿Cuántas veces has escuchado esa aseveración?

Solo hay un problema, ¿cómo se sabe que se tiene talento? Todavía nadie ha inventado un talentómetro que mida la genialidad en una escala del uno al cien.

La realidad es que son los demás quienes deciden si un autor tiene o no talento. Tú puedes considerar que eres un escritor talentoso, pero si lectores y críticos no coinciden contigo tu propio juicio no servirá de nada.

Esto significa que no se puede saber por adelantado si se tiene o no talento. Primero tienes que escribir algo y someter tu obra al juicio ajeno, porque van a ser los demás quienes decidan si tu trabajo merece la pena o no. Es una lástima que no se pueda saber por adelantado, que es lo que quisieran algunos autores: «¿Cómo saber si tengo talento? Porque si no lo tengo, para qué voy a intentarlo».

Serán los demás quienes enjuicien tu talento, cuando sometas tu obra a su dictamen, pero mientras hay algo que tú sí puedes hacer.

Danilo Kiš consideraba que el talento es la desviación del canon, por lo que puedes dedicarte a estudiar dicho canon. ¿Qué han hecho otros autores y cómo lo han hecho? ¿Por qué las obras canónicas lo son?, ¿qué elementos tienen en común y en cuáles difieren?

Quizá el talento no exista y todo se reduzca al estudio y al trabajo metódico. Porque como dijo Rudyard Kipling en su discurso Literatura, la magia está en las palabras, no en el hombre.

Mito 2: ¿escritor de brújula o escritor de mapa?

Al parecer, tienes que pertenecer a una de estas dos tipologías: un escritor que traza un mapa antes de comenzar a escribir y se guía por él, o un escritor que se adentra en la jungla de la trama brújula en mano.

Cada escritor considera obligado declararse entre las huestes de una u otra modalidad y es una cuestión que enciende acalorados debates. Pero la realidad es que, te declares escritor de brújula o te declares escritor de mapa, siempre deberías hacer el trabajo previo que escribir una obra literaria precisa.

El trabajo previo, la planificación: eso es lo que muchos escritores tratan de evitar declarándose escritores de brújula. Pero sin una buena planificación cuesta mucho más escribir una obra solvente. Puede que quieras ahorrarte el trabajo de planificar, pero créenos cuando te decimos que ese trabajo que crees ahorrarte te lo encontrarás multiplicado en la fase de reescritura.

Ya hemos dedicado un artículo completo a hablar sobre las diferencias entre un escritor de brújula y un escritor de mapa, no te lo pierdas.

Mito 3: la página en blanco y el bloqueo

Empezar a escribir y no saber por dónde hacerlo. Estar escribiendo y quedarse de pronto bloqueado, incapaz de añadir una sola palabra más con un mínimo sentido. Las dos son cosas que le suceden a los escritores, ¿no es cierto?

Lo es. No seremos nosotros quienes nieguen esa realidad, porque cientos de escritores que han pasado por esas angustias nos rebatirían con toda razón. No se puede negar algo que a ciencia cierta existe.

Ahora bien, ¿qué se esconde detrás del miedo a la página en blanco?, ¿qué detrás del bloqueo? Si alguna vez has sufrido alguno de ellos esa es la pregunta que deberías plantearte.

Muchas veces el bloqueo (y su hermano, el miedo a la página en blanco) surge de la inseguridad. El escritor duda atrozmente sobre sus capacidades y habilidades, no sabe si será capaz de llevar a cabo lo que se ha propuesto, teme que la obra fruto de su esfuerzo sea mediocre e incluso hay quien teme el éxito.

Por eso es importante que como escritor trabajes en tu mentalidad. Que aprenda a identificar tus miedos y tus debilidades y a neutralizarlos para poder convivir con ellos y llevar adelante tu trabajo.   

Pero no es menos cierto, y por nuestra experiencia trabajando con autores lo decimos, que muchas veces el bloqueo y el temor a la página en blanco son consecuencia de una insuficiente formación y de una falta de trabajo previo.

No conocer los recursos de la ficción puede conducir a no saber cómo plantear y desarrollar una obra. Es como ponerse a montar un motor sin conocimientos de mecánica.

Ahora bien, la fuente más frecuente de bloqueos es la falta de un adecuado trabajo de planificación de la obra. Cuando no se planifica siempre hay un punto ciego (en el mejor de los casos, por lo general suelen ser varios) en el que no se había pensado. De modo que cuando se llega a él no queda otro remedio que detenerse para pensar cómo resolverlo, cómo afecta a la historia desde ese punto hacia el desenlace y cómo lo hace desde ese ese punto hacia el inicio (sí, en muchos casos hay que rehacer grandes partes de lo ya escrito).

El bloqueo o el temor a la página en blanco no son una fatalidad, no son fuerzas incontrolables que a veces te acometen. Son una realidad del proceso de escribir y debes aprender a lidiar con ellos conociéndote, conociendo tu proceso de escritura y trabajando siempre con honestidad y sin excusas.

Mito 4: las musas y la inspiración

Este es tal vez el más pernicioso de los mitos del escritor: creer que tu trabajo no depende de ti, sino de unos entes mágico-maravillosos que en ocasiones te bendicen y en ocasiones te repudian.

Si te paras a pensarlo, según esa concepción ser escritor no tiene especial mérito ya que el escritor es solo una especia de médium que, sometido al influjo de las musas o la inspiración, crea. Es decir, el autor no interviene activamente en la creación, es solo un canal que una fuerza misteriosa utiliza cuando quiere para manifestarse.

Obviamente ese planteamiento resulta ridículo, como lo es, por tanto, aguardar a «estar inspirado» para ponerse a escribir. Es ya una frase manida y seguro que ya la conoces, pero encierra una gran verdad: «que la inspiración te pille trabajando».

Esto no obsta para que, ciertamente, en el proceso creativo influyan fuerzas y flujos que desencadenan lo que Proust llamaba «momentos privilegiados».

Pero, al margen de ello, no pierdas de vista que aguardar a las musas es solo una excusa para no ponerte a escribir. Averigua el porqué de esa excusa: ¿no te apetece escribir?, ¿es que tienes dudas sobre ti o sobre la obra en la que trabajas?, ¿es que no tienes los conocimientos necesarios para llevar a buen puerto el texto?, ¿es que hay otras actividades que te resultan más sugerentes que la escritura? La honestidad será siempre tu aliada.

Mito 5: los buenos escritores venden poco

Hay una pelea entre muchos autores y la idea de vender. Esa pelea tiene su origen en la idea de que la literatura, en cuanto forma de arte, no puede ser tasada y vendida.

El escritor debe estar por encima de cualquier interés comercial, su único prurito debe relacionarse con su obra: escribir la mejor posible, fruto de su inteligencia y de su ingenio.

Con ese concepto no es de extrañar que tantos autores descuidéis la parte empresarial de vuestra carrera de escritor y, en consecuencia, vendáis poco. Entonces, como la zorra con las uvas, os consoláis pensando que, en realidad, aquellos que sí venden es porque no son buenos escritores. La idea de base parece ser que si un libro se vende bien, es porque el autor no ha sido lo suficientemente literario.

La realidad demuestra que eso no es cierto. Ha habido y hay buenísimos escritores que tienen éxito comercial. La cuestión radica en saber vender lo que se escribe, aunque no se escriba lo que acostumbra a llamarse ficción comercial.

Hablamos sobre este espinoso tema en el artículo Escribir lo que se vende o vender lo que se escribe.

En el fondo todo consiste en superar la vergüenza que a todos nos produce vender y aprender a hacerlo, teniendo unos rudimentos imprescindibles sobre marketing.

Mito 6: no se puede aprender a escribir

Muchos escritores noveles tenéis la idea de que no se puede aprender a escribir. Precisamente porque es vuestras mentes bullen los mitos del talento y las musas.

De acuerdo con esas ideas un escritor es alguien que nace con un don, el talento. Y que periódicamente es visitado por una especie de fuerza preternatural, la inspiración, que le permite crear obras fascinantes.

Cualquier que haya leído los diarios de un escritor o su correspondencia sabe que hay muy poco de eso en la vida de un escritor. Lo que hay, en cambio, es un trabajo continuo y esforzado, no meramente para escribir cada una de sus obras, sino también a la hora de aprender y reflexionar sobre su modo de entender y hacer literatura.

La formación juega un papel importante en la vida de un escritor. Desde lo básico: conocer los elementos de la ficción y su uso, pasando por la investigación de la Historia de la Literatura y de los modos de hacer de otros escritores; e incluyendo todo lo que deben aprender sobre sociedad, historia, política, religión, geografía, medicina y un larguísimo etcétera para construir el contexto de sus obras y formar su propia opinión sobre el mundo que le rodea.

Pero, circunscribiéndonos al tema de la escritura, sí se puede aprender a escribir.

La escritura se basa en modelos, estructuras, elementos y recursos que se repiten una y otra vez, con variaciones, en las obras de narrativa desde el principio de los tiempos.

En el Quijote puedes encontrar recursos narrativos que reaparecieron de nuevo en la literatura de principios del siglo XX y que todos los autores desde Cervantes hasta nuestros días aplican a sus obras de una forma u otra.

En los últimos años una inteligencia artificial ha descubierto que, en la narrativa de ficción, y atendiendo al argumento, a la disposición de los hechos y a las reacciones del personaje solo hay seis posibles arcos argumentales.

De modo que, como ves, hay elementos comunes, patrones, pautas y modelos que como escritor puedes aprender (se te pueden enseñar). Lo cual no quiere decir que la escritura se convierta por ello en algo estereotipado o a lo que se le puedan aplicar fórmulas (como ya vimos cuando hablamos del best seller). Se pueden enseñar cuáles son los elementos de la ficción, pero no combinarlos, eso queda a la discreción del autor.

De igual manera que te conviene conocer las obras que conforman la tradición literaria, te conviene tener una buena base de conocimientos sobre narratología sobre la que construir tus textos, como los que te brindamos en nuestros cursos de escritura.

Hemos repasado algunas de las ideas que forman la mística del escritor. Estas ideas no supondrían ningún problema de no ser porque muchas veces suponen un lastre para el desarrollo de una feliz carrera de escritor. Si por culpa de estas creencias no te formas, si abandonas porque crees que no tienes talento o si estás esperando a las musas, lo más probable es que escribas poco y mal.

Es hora ya de romper con la mística del escritor.

¿Qué te han parecido estos mitos?, ¿has descubierto que tú también crees en la mística del escritor? ¿Consideras que hay algún mito que nos hemos dejado en el tintero? Dínoslo en los comentarios.

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La entrada La mística del escritor se publicó en Sinjania Formación para Escritores.

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