Desde arriba

Me pareció ver gritar el turquesa pétreo

Aprisionado en una caja de madera

Con paredes blancas y cristal por techo.

Pero reconocí el tambaleo de mi cuerpo

Al ritmo de

g

o

t

a

s

Y moqueo

Entendí la realidad: La muerte me estaba

Metiendo el pie para darme el pésame.

Asfixia que no desesperes

De claustrofobia grites

De rigidez o dolor te quejes

Se nos fue la vieja vida.

¿ V a  a  l l o r a r ?

Sky & Sea (Cielo y Mar) – Cruz Salmerón Acosta

In this panorama I draw
To the torment of my evil hours
The sky speaks about illusion and pride
The sea reasons about hope and daydreams.

The wander dragonfly of my fantasy
Opens the clearness of its wings
With the honey kiss you give me
To the caress of your smiley love.

When the last cloudscape extinguishes
I take the landscape’s soul down my own
Blue of dreaming and green of desire

And I think with a dark pessimism
That my illusion is on the edge of an abyss
And near to another abyss, my hope.

 

Traducción del poema Cielo y Mar de Cruz Salmerón Acosta.

Love’s depth (Profundidad del amor) – Juan Sánchez Peláez

The love letters I wrote in my childhood were memories of a future lost paradise. The uncertain path of my hope was crossed over the musical hills of my native country. What I chased was the fragile roe deer, the fleeting greyhound, the stone’s beauty that becomes an angel. Yet I do not give out before the drowned sea of the kisses. To the cities encounters- The ankles of an imagined architecture as guide The fury of the prodigal son as food. The parks that dream on the snow, as ancestors, The trees that incite to the greatest melancholy, the oxygen doors the warm southern haze shakes, the deadly woman whose back sweetly inclines in the dismal riverbanks. I love the magic Pearl hidden in the eyes of the silent ones, The bitter dagger of the taciturn. My heart have become the boat of the night and guard of the oppressed. My forehead is the tragic clay, the mortal large candle of the fallen ones, The bell of the autumn afternoons, the sail directed to the less fortunate port or to the most dispossessed one by the storm gusts. I see myself facing the sun, in front of the Mediterranean bays, Voice that flows from a birds’ grass.

My love letters were not love letters, but viscera of loneliness. My love letters were kidnaped by the overseas falcons that are going through the childhood mirror.

My love letters are offerings of a courtesans’ paradise.

What will happen later, for not to tell tomorrow? The old decrepit whispers. Perhaps death whistles, in front of her enchanted eyes, the most beautiful love ballad.

 

Traducción al ingles por Elena Lizcano del poema Profundidad del amor de Juan Sánchez Peláez (Elena y los elementos, 1951).

La sacristía perdida

Al verla zarpar, crucé a nado esa fétida ciénega, atravesé una callejuela de tierra seca y piedras, y pedaleé para aprovechar el asfalto. Mis harapos no me avergonzaban del todo, pero seguían desagarrándose con el viento.

Mi sotana y un bautizo esperaban por mi cuando irrumpí en el templo, pero en una nota sobre el atril se leía <<El rito de la infante puede esperar. Sigue tu rumbo hacia mi puerta, siempre está abierta para ti. Te esperamos con trapos limpios y una cobija, también te guardamos un plato de comida>>.

Eché a pedalear de nuevo: atravesé el pasillo formado por miradas confusas y rodé en picada por su barrio. Luego de buscarla calle por calle, la fatiga logró alcanzarme y me desplomé en la acera. Aunque me atormentaba el golpeteo desatado por mi esa madrugada en la puerta del palafito donde la encontré, no perdía la esperanza de verla llegar a mi auxilio con un manto y algo de sopa, pero sólo me arropó la tempestad de la noche.

No le volví a encontrar el rastro a mi fe.

x condensación

suave sonido liquido de la calma en donde la llave del alma da sus vueltas usando líricas azules y liquidas mientras tu olor va bañando el lento cielo con sus delgadas gotas
l
l
l
l
l
l
l
l
l
l
lllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllll que hacia mí veo caer

VI

romperá el rayo en mil trizadas
tal vez solo porque está amaneciendo

gritará un destello

“aquí estoy”

como el gemido ahogado de la noche

soy tu noche,

eres mi astro,
eres de noche de luna llena

los caminantes pueden perecer

y depositar sus almas en la estrella más grande del cielo

que no es una estrella

y allí vaciaría yo mi alma

por el ir y correr del porvenir
a tu salud, a mis años,
a mis descargas de cólera sobre tus cabellos plateados

hoy moriremos en nuestras manos
¡y en la mañana seremos otros!

CANTANTE

Entre tantas personas, que se vuelven muchedumbre confusa, siempre viaja un ser poco corriente, artificial, viajando como pez en extrañas corrientes de aire. Talento natural para ruborizar con miradas fugaces. Comerá sola. Leerá sola. Mirará a su alrededor y encontrará mi mirada curiosa más de una vez. Se levantará para irse por fin y cantará la canción que estuvo acompañándola los últimos segundos de su frustrante espera.

 

La verdad y el narrador. Reflexión sobre la narrativa.

El narrador moderno

En el comienzo de la literatura moderna, con Cervantes -o más atrás si se quiere-, llega un problema que se aparta de la poesía épica y la literatura caballeresca: ¿Quién narra? Ese enfoque sobre la problemática de la narración nos hace notar más problemas acerca de lo narrado (las huellas a seguir para dar con ese que narra y su forma de ser); problemas los cuales pueden ser el qué se narra y hasta por qué se narra; respondiéndolos podríamos tratar de comprender el carácter y la intención de ese ente y su función en el relato.

curvasUn narrador proyecta el relato de formas diferentes, pudiendo exhibirse u ocultarse en lo narrado en función de sus intenciones. Algunos narradores tienen la facilidad de narrar sin mostrarse demasiado; dicen, por mencionarlo de esta forma, lo que saben sin decir que lo saben o cómo llegaron a saberlo. Otros narradores especifican su forma de ser en función de lo que narran; proyectan sus pensamientos dentro de lo relatado y nos hacen enfocarnos más en ellos que en la historia contada.

Están entonces estos cuentos claros y directos, sin mayores intervenciones, y los cuentos reflexivos, en los que la trama parece una mera excusa para introducir la opinión del narrador (y posiblemente también la del autor); una prosa que podemos encontrar muy poética y que incluso puede llegar a prescindir de la trama más que un poema de Baudelaire (que también son casi cuentos). De este modo desdibujamos más y más la línea ondulante que transgrede las nociones de narrativa y poética. Pero el tema que nos apremia ahora mismo reflexionar es la verdad tras lo que se cuenta.

La verdad contra la literatura

alada2La literatura, por excelencia, es lenguaje embellecido, hecho en función de la intención del autor. Si quiere este usar la literatura para enarbolar o ensalzar una idea, un personaje, una historia, lo hará haciendo uso del lenguaje (e igualmente si quiere tachar o refutar). Dentro de eso se pueden expresar las cosas mejor que en el lenguaje cotidiano para hacer que el mensaje impacte más en el lector y se funda mejor con su interior o su compresión, o eso debería. Pero expresar mejor no es acercarse al significado más verdadero de las cosas o decir las cosas de forma más verdadera.

Podemos hacer un paréntesis y decir que la literatura no tiene por qué ser verdad, debe ser bella y así construir una mejor realidad desde la ficción. En eso hay algo más que un superficial positivismo: la literatura no exhibe la verdad mostrándola de forma vulgar, más prefiere hacer uso y juego con ella, falseándola, adornándola, para crear una obra literaria más allá de la verdad. Y en medio de esto se pueden conseguir dislates y posibles interpretaciones sintácticas que problematizan el sentido de lo que se quiere decir.

Como en un relato policial, no todo lo que se dice es cierto. Muchas de las pistas conducen a callejones sin salida o son evidencia de algo diferente a lo que en realidad pasó en el suceso. Una evidencia puede ser sembrada por la fuerza que se opone al esclarecimiento de la verdad; así, una pista que guía al lector puede ser sembrada por el narrador para llevarnos a una figura oculta en el tapiz, inventada para distraer de las otras figuras con las que coexiste.

Un buen autor puede crear narradores muy complejos, que se debaten entre la verdad y el invento; entre el hecho de ser un instrumento de construcción narrativa y ser perteneciente, o mejor dicho, testigo, en un mundo ficticio. Un narrador muy preciso puede soltar el cuento y estar ausente de él; otro, de los que más interesan, puede incluso llegar a estar consciente de su carácter ficticio, como si en cualquier segundo se fuese a dar vuelta hacia nosotros y decir «sé que me están escuchando».

Estos narradores juegan con una personalidad muy humanizada. Sabemos qué está pensando porque parece que estamos en sus cabezas, pero es una cabeza en la que todo ya está preparado para nosotros: para dejarnos ver, o entrever, o sospechar, lo que él siempre quiso (por lo cual es humanizada mas no humana). Nos guiará en sus maquinaciones y usará su historia para justificar sus convicciones.

El narrador nos ha mentido

Un autor, pues, puede estar consciente de que sabremos lo que dice que el narrador sabe. Pero un narrador puede ser mentiroso, trastornado, corrupto, y usar el lenguaje para mostrar menos de lo que sabe y más de lo que quiere que sepamos, y así alimentemos nuestra noción de su realidad y no la verdad oculta tras el telón.

Una mentira puede ser mejor que una verdad, pero nunca puede encajar perfectamente en ese lugar. El narrador oculta tras su lenguaje la intención de comunicar una verdad interior más importante que los hechos reales. Puede contar la forma en que un hombre llora la pérdida de su esposa ocultando el hecho de que él mismo la mató; pero cuando se cuenta la mentira, y no la verdad, el lenguaje no es el mismo y siempre deja pequeñas pistas de que algo se está escondiendo en las sombras; y es cuando el lector, por sí mismo, puede comenzar a sospechar de lo que nos cuenta el narrador y lo que oculta. El autor puede esperar, y tener la mejor fe, de que tendrá entre sus lectores a los mejores detectives para otorgarle un valor importante a la construcción del lenguaje utilizado, más allá de lo que a primera vista puede ser evidente.

Una mentira puede ser mejor que una verdad, pero nunca puede encajar perfectamente en ese lugar.

Un narrador tiene mucho poder a la hora de contar una historia. Puede escoger contarla más clara o más obscura; y aunque cuanto más se fu
nde con las tinieblas y menos podemos ver sobre lo que de verdad ocurre en la historia, hasta casi erradicarla, podemos ver en ese lenguaje tan intencionado el funcionamiento de una mente que intenta construir una realidad para sí mismo, para engañar a alguien, para nosotros, para actuar en función de una intención, sea cuál sea. Y hay que recordar, por último, qué ocultar la verdad despierta siempre más interés por encontrarla.

Infancia a.m (antemilenian)

Yo que de niño fui amamantado hasta los cinco

que los pañales siempre me dieron asco (aún a mi edad me siguen repugnando)

que andaba desnudo por la casa (conservo la costumbre)

que jugaba siempre en la tierra toda la tarde y me ensuciaba hasta los oídos

que nunca obedecí una orden en mi hora de juego

que grité: “ya voy” cuando me llamaban y tardaba en acudir

que también odié bañarme

que me gustaba levantarme temprano, sentir el olor a café y desayunar arepa con queso

que me acostumbré a decir: “ción”

que me disfrace infinidad de veces como superman

que cuando me decían: “bájate de ahí, te vas a caer” terminaba con las rodillas raspadas, dientes rotos, moratones por todo el cuerpo y siempre lo volvía a hacer

que compre refrescos de litro en botellas de vidrio

que pedía “cien bolos” y me revolcaba en envolturas de chocolates

que me reía con el chavo a pesar de tener treinta años de estrenado (debo confesar que aún ahora, después de viejo, me río y reiré)

que vi el club de los tigritos, los hermanos Warner, aventuras en pañales y otras tantas caricaturas cuya enumeración sería muy extensa, todo esto sin tener cable

que extraño a Bugs Bunny y a Tom y Jerry

que aún espero el día en que el coyote atrape al correcaminos (aunque piense que es un grandísimo tonto)

que el momento más épico de mi infancia televisiva fue cuando los Looney Toons se encontraron con Michael Jordan

que a pesar de tanto televisor, nunca me faltó, me falta ni me faltará un libro

que por mi mal comportamiento (hiperactividad según los grandes) era enviado infinidad de veces a la biblioteca

que conocí al principito

que mis profesoras me hacían recitar poesía empalagosa pero que a todos encantaba (del cielo cayó una rosa, mi madre la recogió, se la puso en el cabello y que linda le quedó)

que mi padre era declamador

que mi mamá me hablaba de tío tigre y tío conejo, caperucita roja, los enanos y otras historias

que en el salón era astuto con las matemáticas

que en el recreo jugué al “tocaito” y a policías y “malandros”

que a mí me machorrearon, no me hicieron eso de “bullyng” o “bulling” (como sea que se escriba)

que huía de las peleas

que me hice boxeador, kick-boxeador, karateca y hasta ninja y ya nadie más quiso pelear conmigo

que siempre me gustaron las historias de terror

que a pesar de que me gustaban esas historias siempre me dio miedo la sayona, el silbón, la llorona y otros fantasmas

que mi sueño siempre fue ir a Nunca Jamás y derrotar al Capitán Garfio

que solo tuve novia hasta muy entrada la pubertad

que gritaba en la calle todo lo que sentía

que era yo mismo

que era un niño y lo seguiré siendo hasta el fin de mis días

Advierto que no pienso crecer nunca, (estas no son falsas promesas como las de Peter Pan), y seguiré caminando desnudo, gritando al cielo y cantando  las canciones de ni fu ni fa hasta el fin del tiempo.